¿Decae nuestra capacidad competitiva?

Por Juan Andrés Fontaine via blogs elmercurio

ImagenNo ha sido la mejor semana para la economía nacional. El atasco de los proyectos de inversión claves, el alza de la carga tributaria sobre las fuentes de trabajo y la continua caída del dólar sin mayores medidas para la productividad configuran un auténtico contraimpulso competitivo. El último informe del Foro Económico Mundial sugiere por dónde hemos de encaminarnos para enmendar el rumbo.

Según ese estudio de competitividad comparada, aunque con el puesto número 33 entre 144 países, seguimos a la cabeza de América Latina, descendimos dos puestos respecto del año pasado, continuando con la tendencia declinante de una década. Ya superamos el primer estadio del desarrollo, que basa la competitividad en la dotación de factores productivos, pero transitamos ahora entre dos fases mucho más exigentes, en las que deben primar la eficiencia y la innovación. En ello Chile tiene una ardua tarea por delante.

Como es sabido, además de destacar por la calidad de las instituciones y el desempeño económico, contamos con un auspicioso desarrollo del mercado de capitales. Pero en otros mercados claves tenemos fallas. Hay en general buenas condiciones para emprender (subimos al puesto 25 en celeridad para crear empresas), el ranking revela que la intensidad de la competencia es insuficiente, hay barreras burocráticas significativas y deficiencias importantes en materia de energía eléctrica, logística y telecomunicaciones. La rigidez del mercado laboral es gran obstáculo para la competitividad. En cuanto a la facilidad para contratar y despedir personal, ocupamos el puesto 95. Aún no reunimos la voluntad política para desatar ese nudo gordiano.

Nuestras debilidades en materia de capital humano son conocidas y el Gobierno las está encarando. Pero llama la atención que el ranking nos retrata peor en educación primaria y secundaria (cuya cobertura nos sitúa en los lugares 119 y 75, respectivamente; en materia de calidad sucede algo semejante) que en el últimamente tan controvertido nivel superior. Aun así, el balance educacional es insatisfactorio. Por ejemplo, hay ni más ni menos que 116 países que nos superan en la calidad de la enseñanza de matemáticas y ciencias.

A medida que trepamos por la ladera del desarrollo, es necesario incrementar la sofisticación empresarial, su capacidad de innovar e incorporar tecnología. Los últimos tres gobiernos han avanzado esfuerzos que todavía no rinden frutos, indica el ranking . En una poca alentadora semana, la buena noticia es que finalmente ha entrado en vigencia la pieza central de la agenda que impulsamos desde el Gobierno: la ley que fortalece el incentivo tributario a la innovación por parte de las empresas.

Por Juan Andrés Fontaine via blogs elmercurio

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